CELEBRACION DEL TIEMPO DEL ADVIENTO
Se denomina corona de adviento a un adorno hecho con ramas de abeto o pino, con cuatro velas, que es colgada o bien colocada sobre una mesa durante el tiempo de adviento. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote; los domingos de adviento se enciende una vela de la corona durante la misa, pero también en el hogar la familia se puede reunir en torno a la corona, rezar una oración, leer la Biblia y hacer una meditación de ella.

De las cuatro velas, tres son de color morado, en señal de penitencia y preparación y una de color rosado, como símbolo de alegría por el anuncio del nacimiento de Jesús. La vela rosa se enciende el tercer domingo de Adviento (Gaudete).

Se enciende una vela cada domingo, en ocasiones se utilizan velas de distinto color (morado, verde, roja y blanca).

Se puede hablar de dos partes del Adviento:

Desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos;
Desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada "Semana Santa" de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en las historias, la Navidad.

En estos días, las antífona del Magnificat (en el rezo de Vísperas), son las llamadas "Antífonas de la O", puesto que todas ellas empiezan por la invocación "Oh", seguida de un título alusivo a Cristo y del resto de la antífona.

Las lecturas bíblicas de este tiempo de Adviento están tomadas sobre todo del profeta Isaías (primera lectura), también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del Mesías. Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesia ofrece a los fieles para preparar la venida del Señor Jesús.

Lecturas Biblicas en el Adviento:

CICLO A:
-Domingo Primero: Isaías 2,1-15; 121, Salmo 1-2. 4-5- 6-7- 8-9; Romanos 13, 11-14a; Mt. 24, 37-44.
-Domingo Segundo: Isaías 11,1-10; Salmo 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17; Romanos 15, 4-9; Mt. 3, 1-12.
-Domingo Tercero: Isaías 35, 1-6a 10; Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10; Santiago 5, 7-10; Mt. 11, 2-11.
-Domingo Cuarto: Isaías 7, 10-14; Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6; Romanos 1, 1-7; Mt. 1, 18-24.

CICLO B:
-Domingo Primero: Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7; Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 4; 1 Corintios 1,3-9; Mc. 13, 33-37.
-Domingo Segundo: Isaías 40, 1-5. 9-11; Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 8; 2 Pedro 3, 8-14; Mc. 1,1-8.
-Domingo Tercero: Isaías 61, 1-2a. 10-11; Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54; 1 Tesalonicenses 5,16-24; Jn. 1, 6-8.19-28.
-Domingo Cuarto: 2 Samuel 7,1-5. 8b-12. 14a.16; Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29; Romanos 16,25-27; Lc. 1,26-38.

CICLO C:
-Domingo Primero: Jeremías 33, 14-16; Salmo 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14; 1 Tesalonicenses 3, 12- 4,2; Lc. 21, 25-28. 34-36.
-Domingo Segundo: Baruc 5,1-9; Salmo 125,1-2ab.2cd-3.4-5.6; Filipenses 1,4-6.8-11; Lc. 3,1-6.
-Domingo Tercero: Sofonías 3,14-18; Isaías 12,2-3. 4bcd. 5-6; Filipenses 4,4-7; Lc. 3,10-18.
-Domingo Cuarto: Miqueas 5,1-4; Salmo 79, 2ac y 3c. 15-16. 18-19; Hebreos 10, 5-10; Lc. 1,39-45.

Primer Domingo de Adviento

Con el primer Domingo de Adviento empieza un nuevo el Año litúrgico. Comenzamos de nuevo la peregrinación anual en torno a los diferentes aspectos del Misterio de la salvación, en torno a la Encarnación, vida, predicación, muerte y resurrección de N.S. Jesucristo, causa y centro de nuestra salvación, por el amor y la gracia de Dios, con el poder y la comunicación del Espíritu Santo.
En este año seguimos el Ciclo “C”, es decir, el tercer itinerario previsto, por el camino de las santas Escrituras, en el ordenamiento litúrgico actual. Este tercer ciclo está construido sobre el evangelio de San Lucas, cuyo texto nos irá conduciendo por los diferentes pasos de la vida del Señor a lo largo de todo el año.
El Evangelio de Lucas es un evangelio escrito para los no judíos, con menos expresiones semíticas, más cercano a nosotros. Especialmente apto para el Adviento por ser el Evangelio más mariano. A lo largo del año nos insistirá en la humanidad de Jesús, en la misericordia de Dios, en las dimensiones eclesiales y comunitarias de la vida cristiana, en la importancia de la misión apostólica de la Iglesia.

Segundo Domingo de Adviento

Con el Segundo domingo de Adviento el evangelio sitúa la figura del Precursor en un marco histórico y geográfico para significar que la acción salvadora del Mesías se cumple en el interior del tiempo y de la historia humana, con lo que el tiempo se hace "tiempo de gracia" y la historia "historia salvífica".
Juan, El Bautista, es el guía de la penitencia y conversión para preparar el camino del Señor.
Hoy, como ayer, son muchos los caminos que están bloqueados y hacen imposible la llegada del Señor Salvador.
La "VOZ del desierto" grita y propone la conversión para desbloquear los senderos para ver la salvación de Dios.
La verdadera conversión es reavivar el sentido de Dios; supone una disponibilidad radical y renuncia total a sí mismo.
El hombre de hoy está casi insensibilizado para esta conversión y cree que esta conversión e una evasión y un renunciar a sus recursos y ocupaciones reales. Si los cristianos pierden el sentido de la conversión a Dios, ¿Cuál será su testimonio?
Tienen que hacer visibles ante Dios y ante los hombres los frutos de la conversión y de la salvación.

Tercer Domingo de Adviento

Con el Tercer Domingo de Adviento el evangelio nos invita a vivir alegres en el Señor. Se busca la alegría en el alcohol, droga, sexualidad, etc.
Es una alegría superficial, falsa y vacía. El verdadero gozo se halla en la experiencia de la presencia de Aquel que está en medio de nosotros.
La alegría es el signo de vivir constantemente una sincera conversión y de aceptar la voluntad divina.
Solamente el que, como María, tenga un corazón pobre y experimente el sufrimiento de los oprimidos será capaz de experimentar la verdadera alegría, seamos alegres para ser artífices de un mundo nuevo fundamentado en el Evangelio.

Cuarto Domingo de Adviento

Con el Cuarto Domingo de Adviento el evangelio que Dios tiene necesidad de los hombres para la realización de sus designios. Sus caminos no son nuestros caminos.
David pretende algo que parece razonable, construir un templo que encierre el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo.
Dios no vive en el estrecho ámbito de un lugar, lo desborda y lo trasciende. La realidad de una Virgen Madre es significativa de lo que Dios puede y quiere hacer. Ella, conocedora de las promesas, esperaba al Mesías y se convierte por el "si" al ángel en Madre del Esperado.
En su silencio nos enseña cómo esperar y acoger al Señor en la próxima fiesta de Navidad. Su fe debe ser nuestra fe; su esperanza, nuestra esperanza; su pobreza, nuestra pobreza.
Ella se convirtió en la verdadera morada de Dios.

Oraciones para la corona de Adviento

Primer domingo

Encendemos, Señor, esta luz, como aquél que enciende su lámpara para salir, en la noche, al encuentro del amigo que ya viene.
En esta primera semana del Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría.
Muchas sombras nos envuelven.
Muchos halagos nos adormecen.
Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tú nos traes la luz más clara, la paz más profunda y la alegría mas verdadera.
¡Ven, Señor Jesús. Ven, Señor Jesús!

 
Segundo domingo

Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel.
Nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos velas.
El viejo tronco está rebrotando, florece el desierto.
La humanidad entera se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne.
Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza.
¡Ven pronto, Señor. Ven, Salvador!

 
Tercer domingo

En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz.
Se anuncia la buena noticia: el Señor va a llegar.
Preparad sus caminos, porque ya se acerca.
Aclamad vuestra alma como una novia se engalana el día de su boda.
Ya llega el mensajero.
Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.
Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles, llama para que calientes.
¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!

Cuarto domingo

Al encender estas cuatro velas, en el último domingo, pensamos en ella, la Virgen, tu madre y nuestra madre.
Nadie te esperó con más ansia, con más ternura, con más amor.
Nadie te recibió con más alegría.
Te sembraste en ella como el grano de trigo se siembra en el surco.
En sus brazos encontraste la cuna más hermosa.
También nosotros queremos prepararnos así: en la fe, en el amor y en el trabajo de cada día.
¡Ven pronto, Señor. Ven a salvarnos!


Origen

“La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:
La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.
Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.
Las cuatro velas: Nos hace pensar en la oscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas de la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia. Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.
El listón rojo: representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve”.
Wikipedia, la enciclopedia libre
Otras fuentes:
http://www.ompvenezuela.com/corona.htm
http://www.ompvenezuela.com/adviento.htm#1
¿Cómo hacer la corona?

Materiales

1 corona de 20 cms de diámetro de abeto artificial
2 varas de bolitas doradas
4 angelitos para colgar en el árbol
4 velas o roja, verde, blanca y morada
tres rojas y una blanca
Moños de cinta roja
Piñas pequeñas
Frutas artificiales pequeñas
4 porta velas pequeños
Cinta floral adhesiva
Tijeras
Silicona (fría o en pistola)

Con todo esto ya tienes para armar una linda corona y lucir en estas navidades.
Nos encontramos en el final del año y en lugar de pensar en la muerte debemos pensar en la vida, paradójicamente al finalizar el año se celebra el aniversario de la vida, el nacimiento más esperado y perecedero que se ha mantenido, prepararnos para el nacimiento del Hijo de Dios significa el inicio de una nueva esperanza, la alegría de una nueva alianza.

Diciembre debe tener un significado especial para los cristianos, todos debemos prepararnos para el nacimiento de Jesucristo, vivir cuatro semanas con la alegría de que ya va a nacer de nuevo el Hijo de Dios debe reconfortarnos por que nos brinda la oportunidad de dejar atrás un pasado para iniciar un nuevo presente.
¿Como podemos prepararnos?, no sólo lo hagamos en la iglesia, también hagámoslo en el hogar mediante una corona de flores, llamada Corona de adviento con cuatro velas, una por cada domingo de adviento. Hay una pequeña tradición de Adviento: a cada una de esas cuatro velas se le asigna una virtud que hay que mejorar en esa semana, por ejemplo: la primera, el amor; la segunda, la paz; la tercera, la tolerancia y la cuarta, la fe.
Prepararnos para el adviento debe significar una dicha interna de estar en la fe de creer sin haberlo visto y confiar en El únicamente por tener fe en El, no busquemos esperar nada a cambio, estas cuatro semanas no deben significar la emoción de recibir regalos, concentrémonos en el regalo más grande que se nos ha brindado, la venida del Hijo de Dios.



El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico y empieza el domingo siguiente de la fiesta de Cristo Rey, próximo al 2 de diciembre, su duración es de 28 días en los que se incluyen los cuatro domingos próximos a la festividad de la navidad con el fervor de renovar la esperanza de la venida de Cristo Jesús, a través de todos los tiempos.
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